
¡Eterno Padre! Mira propicio al Señor de la Majestad postrado en tierra, y por esas gotas de Sangre con que riega la misma, santifica nuestras almas.
Y Tú, Jesús Amoroso, por esa agonía que sufriste en el Huerto de Getsemani, purifica nuestras inteligencias, inflama nuestras voluntades, y ordena nuestras inclinaciones, para cumplir tu Santa Voluntad, como la cumplen los Ángeles del Cielo.
Amen.






